¿En verdad crees que con solo desearlo lo puedes obtener?

¿En verdad crees que con solo desearlo lo puedes obtener?

 

Más allá de la motivación: por qué algunos logran sus metas y otros no

“Si lo deseas, lo vas a lograr.”
“Si lo puedes soñar, lo puedes conseguir.”
“Si lo crees, lo creas.”

Vivimos rodeados de frases motivadoras. Y no me malinterpretes: creo que tienen valor. Funcionan como chispa inicial. Nos recuerdan que el deseo es el punto de partida. Pero después de más de dos décadas acompañando profesionales en dirección de proyectos, he observado algo que va más allá del entusiasmo momentáneo.

Muchos profesionales talentosos se proponen metas importantes… y no las alcanzan. No por falta de capacidad. No por falta de conocimiento. No por falta de motivación inicial. Simplemente el impulso no dura lo suficiente.

Entonces, ¿qué sucede?

La diferencia entre intención y resultado

Lograr un objetivo extraordinario —como certificarse como PMP, terminar un posgrado, aprender un idioma o cambiar de rumbo profesional— exige algo más profundo que una frase inspiradora. Requiere estructura interna.

He observado, tanto en mi experiencia profesional como personal, que quienes logran metas relevantes comparten cinco elementos fundamentales.

1. Atrévete: encuentra un motivo real

El primer paso no es la acción, es el propósito.
¿Para qué quieres esa meta? ¿Qué cambia en tu vida si la logras?

Cuando el motivo es superficial, la disciplina se diluye. Pero cuando el motivo es significativo —crecimiento profesional, seguridad financiera, realización personal, ejemplo para los hijos— la voluntad se fortalece.

Las metas que sobreviven al cansancio son las que están conectadas con un propósito profundo.

2. Enfócate: aprender a decir no

Aquí comienza la parte difícil. Enfocarse implica priorizar. Y priorizar implica descartar.

Muchos profesionales quieren certificarse, pero no ajustan su agenda. No eliminan actividades que no aportan a ese objetivo. Pretenden sumar una meta extraordinaria a una rutina saturada sin modificar nada.

El enfoque no es hacer más. Es hacer lo que importa.

3. Disciplínate: la constancia supera a la emoción

La motivación es variable. La disciplina es decisión.

La gota de agua perfora la piedra no por fuerza, sino por persistencia.
Pequeñas acciones constantes producen resultados extraordinarios.

Quienes logran metas profesionales relevantes no dependen del estado de ánimo. Dependen de hábitos.

4. Contrólate: mide tu avance

En dirección de proyectos sabemos que lo que no se mide no se controla. Lo mismo ocurre con nuestras metas personales.

Llevar registro del avance —horas de estudio, simulacros, resultados, errores frecuentes— permite ajustar la estrategia. Sin medición, solo hay percepción. Y la percepción suele ser engañosa.

5. Reintenta: la resiliencia como ventaja competitiva

Este es el punto que más admiro.

He visto profesionales intentar certificarse, fallar y rendirse. Y he visto otros fallar… analizar… ajustar… y volver a intentar.

La diferencia no es intelectual. Es emocional.

La historia está llena de ejemplos.

  • Michael Jordan fue excluido de su equipo de baloncesto en la preparatoria antes de convertirse en uno de los mejores jugadores de la historia.

  • Thomas Edison realizó miles de intentos antes de perfeccionar la bombilla eléctrica.

  • J.K. Rowling recibió múltiples rechazos editoriales antes de publicar Harry Potter.

  • Abraham Lincoln perdió varias elecciones antes de convertirse en presidente de Estados Unidos.

En todos los casos, el fracaso no fue el final. Fue parte del proceso.

El caso de los Project Managers y la certificación

Un ejemplo que he observado repetidamente es el de muchos PMs que desean certificarse como PMP.

Algunos lo mencionan como intención.
Otros toman cursos de preparación.
Algunos incluso presentan el examen y no lo aprueban.

Y ahí se detienen.

Sin embargo, también he visto a quienes regresan, ajustan su estrategia, estudian con mayor estructura y lo intentan nuevamente. A ellos los felicito especialmente. Porque no solo obtuvieron una certificación. Desarrollaron resiliencia.

Comparto también una experiencia personal. No aprobé el examen TOEFL en tres ocasiones. Fue frustrante. Pero decidí continuar. Ajusté mi preparación y lo logré en la cuarta oportunidad.

Esa experiencia me enseñó algo fundamental: el fracaso no define tu capacidad, define tu nivel de persistencia.

Más allá de la frase motivadora

Las frases inspiran.
El propósito orienta.
La disciplina sostiene.
La medición corrige.
La resiliencia consolida.

Las metas extraordinarias no se alcanzan por inspiración ocasional, sino por consistencia deliberada.

La pregunta no es si lo deseas.
La pregunta es: ¿estás dispuesto a estructurar tu deseo?

Desde tu experiencia, ¿qué mensaje darías a otros profesionales para que conviertan sus metas en resultados reales?


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